jueves, 27 de mayo de 2010

¿Me lees un cuento?

Algunas propuestas para enseñar a disfrutar de la lectura a los más pequeños.

Daniel aún no ha cumplido un año de edad, pero disfruta como el que más del placer de la lectura. No de la suya, claro, todavía es muy joven para entender las letras. Pero le encanta oír la voz de su padre, que lo tiene sentado sobre sus rodillas, mientras le lee un cuento muy bonito y le señala los dibujos que hay en cada página. Además, le hace reír cuando imita la voz de la ratita protagonista o cuando se pone a ladrar como el perro que aparece en la última página. El niño no lo sabe, y quizá tampoco el padre, pero esta actividad tan sencilla y divertida le está ayudando a potenciar su desarrollo intelectual, social y emocional.
Y es que contarles cuentos a los niños, además de aportarles una larga lista de beneficios, es la forma más fácil y amena de transmitirles el placer por la lectura. Estos son algunos de los efectos de leerles en voz alta:
  • Se sienten felices de que se les dedique un rato exclusivo de atención y afecto.
  • Desarrolla su intelecto (al contarles una historia, su cerebro trabaja para entenderla).
  • Los hace más reflexivos (ya que siempre hay un mensaje en el texto que los lleva a distinguir lo bueno y lo malo).
  • Estimula su memoria y su capacidad de concentración.
  • Favorece la atención y la concentración.
  • Mejora su vocabulario y su capacidad de expresarse.
  • Aprenden sobre historia, ciencias o palabras nuevas sin que les resulte aburrido.
  • Les ayuda a combatir sus temores.
  • Estimula su imaginación.
  • Fomenta el amor y el interés por la lectura.

En definitiva, los padres tienen al alcance de su mano una potente herramienta que reporta demasiados beneficios como para dejarla pasar por alto. (Ana T. Jack)


Algunos trucos para los que todavía no se han iniciado en la lectura:
  1. Dejar que jueguen y toquen los libros infantiles a su gusto.
  2. Sentarlos en el regazo y enseñarles los dibujos de los cuentos.
  3. Contarles cuentos personalizados.
  4. Que vean leer a sus padres y madres.
  5. Regalarles libros.
  6. Para los que empiezan a leer: comentar los libros que se leen; buscar libros indicados para su edad y apropiados a sus gustos; visitar frecuentemente la biblioteca más cercana; leerles cuentos; regalarles cuentos.
  7. Para los que ya leen: no obligarles a que estén sentados para leer (se admite que se tiren a hacerlo en la cama, en el sofá...); suscribirlos a alguna publicación que les interese; comentar los libros que están leyendo; dejarles ir solos a la biblioteca del barrio; regalarles libros.

Rafael Bisquerra, autor de Eficiencia lectora: la medición para su desarrollo, propone a los padres una serie de actuaciones desde los primeros meses de vida de sus hijos para fomentar hábitos lectores. Son estos:
  1. Comience a leerle al niño tan pronto como le sea posible. Aunque al principio pueda parecer que no se entera de nada, para él la actividad de leerle supone sobre todo dedicarle tiempo y atención. Al mismo tiempo el niño asimila el tiempo de lectura como algo importante, digno de ser imitado. Poco a poco el interés en escuchar y comprender la lectura irán aumentando.
  2. Léale tan a menudo como pueda. Como mínimo, 20 días al mes, mejor si es a diario. Con quince minutos es suficiente. El momento más apropiado es el de antes de acostarse, aunque cualquier otro es bueno para compartir un libro.
  3. Varíe la extensión y el contenido de las lecturas. Puede haber lectura de cuentos, poemas, acertijos, canciones o noticias del periódico. Cualquier texto vale. En unos casos serán lecturas muy breves, de una sola frase, y en otros pueden ser más extensas.
  4. Destine algún tiempo a analizar la lectura. Es conveniente comentar algunos aspectos de lo que se ha leído. Por ejemplo, para descubrir la moraleja, generalizar principios, aclarar signifi cados o analizar los sentimientos que provoca la lectura.
  5. Lea con vivacidad y sentimiento. Hay que huir de la monotonía y del aburrimiento intentando
    conseguir una lectura amena y divertida. Para lograrlo hay que variar la entonación, el ritmo, el volumen y el tono. Además, hay que procurar expresar los sentimientos que afloran a lo largo del texto.
  6. Lea con el ritmo adecuado para que el niño pueda seguir el relato. A la hora de realizar lecturas para los más pequeños hay que articular bien y dejar tiempo para que piensen y se puedan formar imágenes mentales del contenido. Pero un ritmo lento no debe ser equivalente a monotonía, pesadez o aburrimiento.
  7. Añada un elemento real a la historia. El hecho de sustituir al protagonista principal del relato por el nombre del propio niño, o de ponerle el nombre de la mascota de la casa al perro de la historia, hace mucho más amena la lectura.
  8. Permita que su hijo dibuje o escriba mientras escucha el relato si eso le sirve para mantener
    la atención. Hay niños a los que les cuesta mucho estar sentados y solo lo consiguen si están haciendo alguna actividad. Por ejemplo, se les puede decir que hagan un dibujo del protagonista del cuento.
  9. Fomente un ambiente lector en casa. Cree momentos de lectura colectiva en los que todos los miembros de la familia se pongan a hacerlo. También es interesante visitar las bibliotecas del barrio y las librerías de la zona de forma periódica.
  10. Utilice el periódico. Al principio, el niño más pequeño puede recortar titulares o subrayar letras. Después podrá ir leyendo anuncios y los breves, hasta llegar a comprender la mayoría de las noticias. La prensa es un buen recurso para mejorar la velocidad y la comprensión lectora.

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